Digamos que no soy partidaria de las delimitaciones, del “hasta aquí” o el “yo nunca”. Quizás, por esto, no me siento partícipe de ningún grupo de personas, ni de un estilo de música determinado ni si quiera de una forma de vestir que pretenda explicar cómo soy.

Creo en la belleza de la heterogeneidad, de que aquello que nos parece diferente pueda llegar a parecernos fascinante.

Todo este rollo no es fruto de un momento filosófico-existencialista al azar, sino que quería explicar en mi primera entrada del blog lo que siento por la música y, en mi caso, tiene mucho que ver con lo que acabo de comentar.

Siempre digo que lo que más me preocupa de una persona es que hable con absoluta certeza de todo sin cuestionarse nada. Por esto, cuando veo a una gran cantidad de personas chillando o llorando por un grupo de música o por un músico (hoy en día cualquier persona es calificada como tal), me asusta.

Además, me preocupa aquél que mira con desprecio al que no conoce toda la discografía de determinados grupos “míticos” o el que piensa que determinado estilo es mucho más rico y representa unos valores más válidos que el que su mejor amigo defiende.

Para mi la música es otra cosa. Me pasa lo mismo con el cine. Hay películas etiquetadas como obras maestras que no han llegado a parecerme algo más que “una buena película” o películas escondidas por la estantería de mi padre que me han hecho ver las cosas desde otra perspectiva.

Con la música se repite exactamente el mismo proceso. Me he llegado a enamorar de canciones solo unos meses como si de un amor de verano se tratase y, sin embrago, hay grupos y canciones que cada vez que suenen harán que una sonrisa se dibuje en mi cara.

También he pasado por dejar de escuchar un grupo una temporada porque no me apetece o no siento la necesidad que sentía cuando me apasionaba. O, de repente, vuelvo a escuchar a un grupo que hacía años que no escuchaba y me devuelve a esa época en la que ponerme una de sus canciones era el mejor momento del día.

Y lo mejor de todo esto es que estoy segura de que todavía me quedan cientos de canciones con las que disfrutar, miles de grupos por descubrir y millones de canciones por recordar.

 Alba Crespo

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